LA EUTANASIA , un paciente terminal puede decidir sobre su vida ?

Publicado: 6 mayo 2009 en Uncategorized
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EUTANASIA: Muchas confesiones religiosas, como la cristiana y la judía, creen que Dios dá la vida y por lo tanto sólo a El corresponde la potestad de quitarla. En este contexto, la eutanasia sería considerada como rechazo a la soberanía de Dios. Desde otro punto de vista, sin embargo se califica de injusta la utilización de un argumento religioso para decidir política y públicamente sobre un tema tan trascendental y complejo como éste

Ramón Sampedro (Porto do Son, 5 de enero de 1943 – Boiro, 12 de enero de 1998) fue un marino y escritor español. Tetrapléjico desde los 25 años, desarrolló una intensa actividad de petición judicial para poder morir y que, dado que su estado le impedía hacerlo personalmente, la persona o personas que le auxiliasen no incurriesen en delito.

Algunos antecedentes históricos

La palabra euthanasia fue acuñada por los griegos, significa buena muerte (thanatos). En la civilización griega, el estado aprobaba la eutanasia. En este sentido, en Atenas, así como en Quíos y Massalia los magistrados disponían de veneno para aquellos que deseaban morir. Para realizar este acto se necesitaba permiso oficial: «Quien no desee vivir debe exponer los motivos al Senado y una vez lo haya recibido, puede quitarse la vida. Si existencia te resulta odiosa, muere; si el destino te es adverso, bebe cicuta. Si la pena te abruma, abandona la vida. Dejad que el infeliz relate su desgracia, dejad que el magistrado le proporcione el remedio para que él mismo pueda ponerle fin».

Sócrates y Platón pensaban que una enfermedad dolorosa era buena razón para dejar de vivir. En La República, el filósofo condena al médico Heródoto, profesor de Hipócrates, por «fomentar las enfermedades e inventar la forma de prolongar la muerte» y agrega «por ser maestro y de constituir enfermiza; ha encontrado la manera, primero de torturarse a sí mismo, y después al resto del mundo». Por su parte, muchos grupos como los pitagóricos, aristotélicos y epicúreos condenaban esta práctica. Evidentemente, en esta sociedad, la eutanasia era una práctica aceptada.

Por otro lado, en Roma sólo se penalizaba el suicidio irracional. En este sentido,  se consideraba que el enfermo terminal que se suicidaba tenía motivos suficientes para hacerlo. Para los romanos, vivir noblemente significaba también morir noblemente. A los aristócratas condenados se les permitía a menudo suicidarse en lugar de ser ejecutados. Séneca el estoico escribió: «Hay una gran diferencia entre un hombre que prolonga su vida o su muerte. Si el cuerpo ya no sirve para nada, ¿por qué no debería liberarse al alma atormentada? Quizá sería mejor hacerlo un poco antes, ya que cuando llegue ese momento es posible que no pueda actuar».

Con la expansión del dominio de la religión cristiana sobre el mundo occidental, el suicidio se condenó hasta el punto de negar “cristiana sepultura” a la persona que atentara contra su vida. Además de ello este rechazo tuvo influencia sobre la legislación civil: se expropiaban los bienes de la víctima, la cual también era castigada con un entierro deshonroso: se empalaba su cuerpo, para luego abandonarlo en la vía pública. No se hacían excepciones, ni siquiera para aquellos que habían soportado largos sufrimientos a causa de enfermedades incurables. Era impensable recibir cualquier tipo de alivio compasivo, aunque el sufrimiento fuera muy intenso. Hacia el siglo IV San Agustín describió el suicidio —contrario al quinto mandamiento «No matarás»— como «detestable y abominable perversidad». Asimismo, sostenía que el suicida usurpaba las funciones de la Iglesia y del Estado. Dios otorga la vida y los sufrimientos, por lo tanto es obligación cristiana el soportarlos. En todo caso, estas concepciones no son más que el exponente del dominio de la Iglesia en el medioevo, la cual tenía el poder para reglar las costumbres y las prácticas de la sociedad.

Esta concepción fue cambiando durante el Renacimiento, como resultado del renovado interés por el individualismo y el debilitamiento del dominio de la Iglesia. Este cambio contribuyó a que las decisiones morales sobre la vida y la muerte fueran más flexibles y al mismo tiempo más complejas. En 1516, Tomás Moro publicaba su obra Utopía, en la que describía una sociedad ideal en que la eutanasia voluntaria se autorizaba oficialmente. Por su parte, Montaigne afirmó que la dignidad y habilidad del hombre para valorarse a sí mismo en la escala de la naturaleza, hacían que el suicidio estuviera justificado. Escribió cinco ensayos sobre este tema, y concluyó que es una elección personal, y racional bajo algunas circunstancias.

La posición de la Iglesia católica ante la eutanasia

En la actualidad la Iglesia católica se erige como la institución que rechaza y combate la eutanasia. Al respecto, la Comisión Permanente Episcopal ha hecho las siguientes declaraciones: «Respetamos sinceramente la conciencia de las personas, santuario en el que cada uno se encuentra con la voz suave y gente del amor de Dios. No juzgamos el interior de nadie. Comprendemos también que determinados condicionamientos psicológicos, culturales y sociales pueden llevar a realizar acciones que contradicen radicalmente la inclinación innata de cada uno a la vida, atenuando o anulando la responsabilidad subjetiva. Pero no se puede negar la existencia de una batalla jurídica y publicitaria, con el fin de obtener el reconocimiento del llamado ‘derecho a la muerte digna’, es esta postura pública la que tenemos que enjuiciar y denunciar como equivocada en sí misma y peligrosa para la convivencia social. Una cosa son la conciencia y las decisiones personales y otra lo que se propone como criterio ético legal para regular las relaciones entre los ciudadanos.

La Iglesia católica considera que el aprecio por toda vida humana fue un progreso introducido por el cristianismo, lo que supone que se vive en la actualidad es un retroceso.  Un retroceso que hay que colocar en lo que el Papa denomina “cultura de la muerte”. De esta manera, la Iglesia considera a la eutanasia  como aquella actuación cuyo objeto es causar la muerte a un ser humano para evitarles sufrimientos, bien a petición de éste, bien por considerar que su vida carece de calidad mínima para que merezca el calificativo de digna. Esta práctica convertiría a la eutanasia en una forma de homicidio, pues implica que un hombre da muerte a otro, ya mediante un acto positivo, ya mediante la omisión de la atención y cuidados debidos.

De la eutanasia, así entendida, el Papa Juan Pablo II enseña solemnemente: ‘De acuerdo con el Magisterio de mis Predecesores y en comunión con los Obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana’.

La batalla política sobre la eutanasia

Actualmente, la eutanasia se transformó en una problemática que conjuga un dilema jurídico y moral. Un dato certero es el que demuestra el aumento, en los últimos años, del número de asociaciones pro-eutanasia, desplegando una intensa actividad divulgativa y reivindicativa a favor del derecho individual de las personas para elegir sobre su propia vida. Al mismo tiempo, estas asociaciones se ven combatidas por la “cruzada a favor de la vida” encabezada por las organizaciones religiosas.

Diversas asociaciones han luchado contra los que defienden la posibilidad de elegir una muerte digna. Los argumentos que legitiman a estos grupos oscilan entre el respeto a la voluntad divina hasta el miedo a crear lagunas jurídicas que proporcionen impunidad a posibles asesinatos. Los debates sobre la eutanasia generalmente terminan siendo dominados por prejuicios morales, religiosos, emocionales, etc.

Sin cuestionar los diferentes puntos de vista, cabría preguntarse: ¿se le puede aplicar la eutanasia o asesoramiento en su suicidio a un enfermo terminal, que considere que su vida no es razón suficiente para soportar un dolor intratable, la pérdida de dignidad o la pérdida de importantes facultades, y que pide repetidamente ayuda para morir, siendo consciente y sin estar en capacidad de fingir una depresión?.

La problemática de la eutanasia conjuga y enfrenta diversos posicionamientos frente a los derechos humanos. En este sentido, numerosas asociaciones pro eutanasia han comenzado una campaña de concientización de la sociedad, para que ésta reconozca el derecho de cada individuo a decidir sobre su propia vida. Por otro lado, otro sector de la sociedad, encabezado por las asociaciones religiosas, se oponen drásticamente a la legalización de la eutanasia. En la actualidad, la eutanasia se ha convertido en una ardua batalla de carácter político.

Formas de aplicación de la eutanasia

La eutanasia pasiva hace referencia a la muerte natural, es un termino que muchas veces es utilizado de forma errónea por  los medios de comunicación. La misma se produce cuando se suspende el uso de los instrumentos que apoyan la vida o aquellos suministros de medicamentos, de tal forma que se produzca la muerte que no contraría la ley natural.

Por el contrario, la eutanasia activa supone la intervención directa que ocasiona la muerte del paciente poniendo fin a su sufrimiento. En general, los defensores de esta opción, coinciden en la necesidad de que existan condiciones previas que permitan realizarla como la solicitud directa por parte del paciente o enfermo terminal de querer poner fin a su vida, la imposibilidad de la medicina para salvarle, la incapacidad de los fármacos para evitar su dolor y sufrimiento y el consentimiento de médicos y familiares, entre otras.

Con respecto a ello, se ha expresado anteriormente cuales son las posiciones de los detractores religiosos en cuanto a este tema. Sin embargo, más allá de estos grupos, los detractores de la eutanasia, en su lucha por impedir su aprobación legal, argumentan que al estar el suicidio asistido y/o la eutanasia disponibles,  esto daría lugar a que algunos sujetos presionaran a sus familiares para que acepten morir, poniendo de relieve la dificultad de establecer controles estrictos para probar la influencia de otros sobre la decisión del paciente. Otras personas desearán morir porque sufren de depresión clínica, invalidando esta condición una decisión consciente.

El suicidio asistido se relaciona vagamente con la eutanasia, éste se produce cuando alguien le da información y los medios necesarios a un paciente para que pueda terminar fácilmente con su propia vida.

Fuente Consultada: Basado en La Gran Enciclopedia Universal (Espasa Calpe) – Wikipedia

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comentarios
  1. Excelente blog , nos gustaria que participe en el nuestro, esperamos tu respuesta.

    Te mandamos un gran saludo de

    policias en la red

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